Un metrónomo en el corazón, marcando el ritmo.
Pulsos por minuto.
No hay momento nostálgico que no esté unido a un compás.
Y cuando suena, el corazón comienza a latir a tempo.
No hay marcha atrás en su mecánica: el pecho retumba con la fuerza de lo inolvidable.
Los recuerdos pierden su nitidez. ¿Qué ocurrió en realidad? -pregunto a la nada-. Sin respuesta, el añorado instante se difumina y solo danzan sensaciones adheridas a cada nota.
¿Nostalgia? No, para... puedes largarte ya. No queda un hueco donde acurrucarse entre mis costillas; el corazón ya rebosó de orgullo por todo lo vivido.
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Lindo demais, Sylvia!
ResponderEliminarAté os mais importantes momentos se desvanecem... Lindo te ler!
beijos praianos, chica
Buenas noches Sylvia. Me ha gustado mucho cómo se transforma la nostalgia en música y convierte los recuerdos en latidos que, lejos de entristecer, terminan siendo motivo de orgullo. Una forma hermosa de reconciliarse con el pasado y dejar que lo vivido ocupe su lugar sin robarnos la paz del presente.
ResponderEliminarMagnífica participación.
Un abrazo grande y feliz semana.
En breve saldrá la lista de participantes
Nostalgia, recuerdos, vivencias, la música es una máquina del tiempo.
ResponderEliminarBesos dulces y dulce semana, Sylvia.
Me gusta esa analogía que hacés entre el corazón y un metronomo
ResponderEliminarUn abrazo.
Hay que tener una gran madurez para mirar al pasado, sin caer en la melancolía que nos paraliza y celebrando el camino recorrido. Al final, no nos puede la nostalgia, sino el orgullo de haber vivido con intensidad.
ResponderEliminarSaludos Insolentes!!
La nostalgia puede ser engañosa. Lo que se acaba recordando puede no ser igual a lo que se ha vivido.
ResponderEliminarBuenos días.
ResponderEliminarCuando la nostalgia se vuelve música o viceversa hay un halo de tristeza que es esa fina línea que nos lleva a la melancolía.
Un fuerte abrazo y por supuesto un besote grande 😘🌹