Un metrónomo en el corazón, marcando el ritmo.
Pulsos por minuto.
No hay momento nostálgico que no esté unido a un compás.
Y cuando suena, el corazón comienza a latir a tempo.
No hay marcha atrás en su mecánica: el pecho retumba con la fuerza de lo inolvidable.
Los recuerdos pierden su nitidez. ¿Qué ocurrió en realidad? -pregunto a la nada-. Sin respuesta, el añorado instante se difumina y solo danzan sensaciones adheridas a cada nota.
¿Nostalgia? No, para... puedes largarte ya. No queda un hueco donde acurrucarse entre mis costillas; el corazón ya rebosó de orgullo por todo lo vivido.
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Encantada de que me digas algo, ¡te escucho! :D