Llegados al punto de los 40 grados, me enclaustraré tras las rejas y evocaré el otoño. Solo abriré cuando el viento fresco vuelva a inundarlo todo.
Hasta entonces, el mundo queda reducido a un rumor lejano. Las calles, abrasadas y los árboles rendidos bajo el peso del Sol, son un paisaje que contemplo desde la penumbra, como quien observa un desierto desde la seguridad de un oasis.
A veces, al caer la noche, creo escuchar una ráfaga distinta. Entonces, me acerco con cautela, aparto la cortina y miro hacia fuera. Pero solo es otra promesa incumplida, un espejismo de frescura entre el asfalto caliente y las sombras.
Cuando la hojarasca se torne parda, abriré de par en par. Y el otoño entrará sin pedir permiso, ocupando cada rincón de la casa como un viejo amigo que conoce el camino de memoria.
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P.D. No soporto el calor y la foto me evocó el maravilloso otoño...
¿Qué tal lleváis el inicio del veranito? ¿Os lleváis bien con él?

Una forma distinta de veranear, a la usanza de invernar :)
ResponderEliminarBesos dulces y dulce semana, Sylvia.
Hola, Sylvia, tu relato nos ha traído un poco de brisa fresca, entre comillas; nos has transportado hacia ese otoño donde la hojarasca es símbolo de que el tiempo otoñal se acerca.
ResponderEliminarReferente a cómo llevamos este clima de verano: es un sudar y beber; es agotador. El verano está bien, pero cuando pasa de los 33º ya es insoportable. Y hoy aquí estamos a más de 40 grados y lo peor son las noches.
Un besito con ventilador incorporado, ajajjaja ánimo, que ya queda menos para el otoño (eso es ser optimista, jajajajaj).
Tenho visto que o calor por apiestá demais... Teu texto bem mostra o quanto queres fugir desse tempo pra esperar o outono com seus ares mais fresquinhos! Mas ainda vais ter que aguardar! Que soprem ventinhos arejantes,mesmo no verão! Lindo te ler! beijos, chica
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