Dafne, desde su blog Sine Die, en la convocatoria juevera de esta semana, nos invita a hacer un texto con la siguiente idea:
"La basura de algunos, es el tesoro de otros.."
Última revisión de las reservas. La lista de espera no decae y el ingreso de un mínimo monetario de tres cifras por estómago de cada comensal mantiene el orgullo hinchado de la estrella Michelin.
Cerrado el local, un mundo se apaga y los submundos se desperezan.
Un par de vagabundos recorren la calle. Son más errantes que nunca desde que los echaron de aquel parque. No quedan decorativos allí, la imagen de la ciudad... ¡qué le vamos a hacer! A pesar del deambular errático van hablando de lo que encuentran por aquí y por allá. Uno lleva una lata de cerveza en la mano, el otro un tetrabrick de vino.
Se detienen ante un contenedor y abren la tapa. La basura es reciente y no huele mal -huele a estrella Michelin, ¡ojo!-. Así que abren un par de bolsas y un trozo de filete por aquí, unas alubias en un recipiente de plástico por allá, una hogaza de pan casi entera... En fin, todo aquello que ya no puede admitirse en una estrella Michelin; para ellos, un gran botín.
Cuando terminan la bebida y se cansan de rebuscar, reemprenden el camino hacia ningún lugar, dejando el contenedor abierto y algunos restos junto al portal en el que han degustado su particular porción de platos de tres cifras por comensal.
Es entonces cuando alguna ratilla cercana, percibe ese olor de la basura -basura de estrella Michelín, ¡ojo!- y devora un bocado de postín entre lo desechado por los vagabundos.

No se requieren estrellas cuando es el hambre el que califica un bocado dejado de lado por otros, pero apetecible a quien lo necesita como aire vital. Y en esa lamentable cadena caen todos los seres vivos. has relatado muy bien esa cruel realidad.
ResponderEliminarUn beso dulce, Sylvia.