Turner está sentado junto a ella, Vivian Chase. La mujer había recibido una nota del investigador que discretamente insinuaba que ella era la asesina de las tres últimas víctimas en el distrito 13 de Manhattan.
- ¿Ves? - dijo irónica-. Siempre llegáis hasta aquí.
- ¿Hasta dónde? -preguntó Jack, simulando sorprenderse.
- Hasta el momento en que la curiosidad pesa más que la prudencia- susurró delineando una sutil sonrisa carmesí.
- No creo que corra peligro. Si quisieras matarme, no habríamos quedado aquí- contestó Turner como si fuera un jugador con un boleto ganador.
- No, yo nunca mato a quien no quiere saber y tú... has venido a saber, así que conocerás mi historia.
Vivian Chase saca del bolso un cigarro que posa en los labios carmesí y un mechero plateado que resbala hacia Turner por la mesa mientras le observa con párpados entornados. La sugerencia no se hace esperar y Turner coge el mechero para encenderle el cigarro. Tras tres chasquidos comprueba que no funciona.
- Oh, lo siento... siempre se me olvida que no tiene gas- contesta Vivian distraída mientras rebusca de nuevo en el bolso y saca otro con el que enciende ella misma el cigarro. - ¿Vive muy lejos, intrépido detective?- pregunta con el rictus muy serio.
- Aún no tengo ninguna respuesta suya... ¿ya debo marcharme a casa? -responde Turner decepcionado.
- Me gustaría que le diese tiempo a llegar a casa y, cuando empiecen los síntomas, pueda recostarse en su cama y no tener un final en cualquier callejón oscuro de la ciudad.
- ¿Estoy muerto acaso? - se carcajea el detective. -Bueno, creo que era una posibilidad que me contase su historia, pero ha venido a reírse de mi. Buenas noches señora Chase.
- Yo nunca mato. Simplemente pongo a la curiosidad un precio- sentencia ella mientras lo ve marcharse.
Jack Turner enfila la calle de su portal. Siente un ligero hormigueo en los dedos de las manos y los pies, que se va acentuando a cada paso. Se empieza a poner nervioso pero se quita la idea de la cabeza intuyendo que es solo la sugestión de la conversación. Sin embargo, el hormigueo se acentúa empezando a recorrerle todo el cuerpo. Cuando llega a las escaleras del portal es tal el adormecimiento muscular que le aprisiona el pecho, que se derrumba en el último escalón con una tragicómica postura engarrotada.
Vivian Chase, terminando su copa en el bar, recoge el mechero que no funciona, que solo tiene veneno... ese gas indetectable que respiró por tres veces el intrépido detective con los tres chasquidos del encendedor, igual que los otros tres hombres, aquellos que también pusieron alguna curiosidad en el punto de mira de una asesina.
by Sylvia
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Para su frustración, la secretaria no cobrará ni tarde. Ni nunca.
ResponderEliminarTurner ha descubierto el método de Vivian pero no podrá contarlo.
Sospecho que la asesina irá por otros detectives.
Gracias por sumarte.
Un abrazo.
Sí, yo también recordé la secretaria cuando terminé el relato... pero ya me había pasado de caracteres y no quise alargalo más jajaja. Gracias a tí por la convocatoria
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