Mientras él abandona la mesa durante la cena, el pensamiento de que no vuelva no la deja en paz. Mientras, sus dedos se convierten en el campo de batalla de una guerra silenciosa que desgasta el tiempo de la espera, tanto como su manicura.
El vino acompaña esa impaciencia eléctrica y morderse las uñas seguía siendo su tic incurable, el refugio involuntario de todo lo que no se atreve a decir en voz alta. Esa costumbre de buscar respuestas en la punta de sus dedos, la hace sentir minúscula.
Cuando él vuelve y se sienta con una sonrisa, ella le contesta con un pequeño gesto amable a la vez que esconde su mano ágilmente bajo el mantel y, aunque momentáneamente siente el tremendo alivio de no ser rechazada, piensa que es la última vez que vuelve a entrar en esa web de citas.
Y tú, ¿qué haces con los nervios?

Relatas muy bien las sensaciones de esa espera y ese nerviosismo ante algo nuevo, como es una cita con un desconocido al fin de cuentas. Buen relato y mejor final.
ResponderEliminarBesos dulces Sylvia.
Uma hist´-oria bem moderna e deve ser bem estranho essa espera por um desconheciso e depois ter que fazer toodo blá-blá- blá dereconhecimento,rs...
ResponderEliminarGostei muito! beijos, chica