Es el primer viernes -desde agosto y salvo algún puente- que tengo libre y me ha poseído el espíritu de la nostalgia. Me ha dado por transformar esa euforia prometida de liberarme del trabajo la maravillosa tarde del viernes, en un sutil desánimo.
Una piensa que es cosa de la edad, que la explosión veraniega siempre me sienta mal cuando la temperatura pasa -y bastante- de treinta grados, del bajón tras el estrés habitual de mayo, de la histeria adolescente que oigo procedente de la piscina... No se, quizás todo junto. Me encuentro en una nebulosa nostálgica.
Lo bueno de la juventud es que no se ha vivido lo suficiente para tener nostalgia. Lo bueno de la edad quizás sea tener esa nostalgia como símbolo de haber vivido. Vivo en esa continua -y hoy agobiante- contradicción.
Y, a veces, en las marañas de las redes sociales encuentras, por casualidad, aquello que sientes. Hoy uno de esos post consumibles a velocidad del rayo decía:
Don't dream it's over Crowded House, quiero volver a los 80.
Y aquí estoy, escribiendo nostalgias como vacíos de efervescencia pasada. La vida no era fácil, pero parecía manejable, todo lo arreglaba una canción...

Comentarios
Publicar un comentario
Encantada de que me digas algo, ¡te escucho! :D