—Shhhh.... es martes, está a punto de venir Sylvia a escribir el post del blog -avisa nervioso el cucharón a la brigada culinaria.
—Ojalá retrase Sylvia su post de hoy... —suspiraron las sartenes—. Ayer hubo ración doble de comida y estamos ya un poco quemadas. No podemos permitirnos el lujo de que se despiste escribiendo en el blog.
—¡Y menos si utiliza la salsa de tomate! Las últimas albóndigas estuvieron a puntito de crear una desgracia —refunfuñó la sartén grande, la más vieja y un poco abollada—.
—Jajaja... Es ese bollo que te hace bailar encima de la vitrocerámica, sobre todo cuando pone música —rió la sartén más nueva y reluciente—.
—Hoy música no, por favor —suplicó la cuchara de madera—. Aún me duele todo de la última vez que estuvo con la música de la intro de Arctic Monkeys para inspirarse y se empeñó en tamborilear conmigo en la encimera.
Tras el fondo del cajón, se escucha un quejido... Es la olla, que cada martes recuerda la vez que se quemó con todo dentro por hacer más caso al ordenador que a ella. Sobrevivió, sí, pero aún recuerda el infierno que tuvo que aguantar hasta que se retiró toda la quemazón.
—Shhh... Silencio, ya la escucho. Viene con el ordenador —sentenció la taza de café—.
Todos callaron. Envidiaban al tazón por tener el privilegio de ser el primero en leer los posts y por el cariño con que Sylvia lo abrazaba mientras pensaba sus escritos. A pesar de los celos, guardaron silencio ante la solemnidad de la petición y escucharon atentos todo lo relatado por el tazón mientras ella tecleaba en el ordenador.
—Atentos: hoy se titula “Convocatoria juevera, oído cocina”.
Mudos y sonrientes, aquella tarde se sintieron orgullosos de su protagonismo y perdonaron los despistes y las perrerías sufridas.
***
Más historias de la cocina en el blog de Tracy.

Me parece estupendo haberle dado esa alegría a los habitantes de la cocina, a partir de ahora seguro que no se cabrearán tanto con la música que lo pones, ni le tendrán celos al tazón que te acompaña mientras estás trabajando en el ordenadori.
ResponderEliminarUn abrazo y gracias por participar.
Muy bueno, Sylvia, ajajja, hasta celos por ver quién será acogido entre tus manos, ajajja. Y oye, a ver si no das golpecitos a las sartenes, pobrecillas ellas, tú a tu ritmo, jaja.
ResponderEliminarUn besazo.