Llevo trenzadas a las neuronas de mi cerebro tus corcheas musicales.
Lo se porque, a veces, intentando escapar del olvido, juegan con ellas, desplegando sus sonidos a través de cada nervio que recorre mi cuerpo. Es entonces cuando mis sentidos me engañan: te escucho y te bailo en el vacío. Casi consigo creer que aún habitas en la música pero... sólo son ellas, conservando intacta la partitura de tus recuerdos, negándose a aceptar que el silencio también puede pronunciar tu nombre.
Lo se porque, a veces, intentando escapar del olvido, juegan con ellas, desplegando sus sonidos a través de cada nervio que recorre mi cuerpo. Es entonces cuando mis sentidos me engañan: te escucho y te bailo en el vacío. Casi consigo creer que aún habitas en la música pero... sólo son ellas, conservando intacta la partitura de tus recuerdos, negándose a aceptar que el silencio también puede pronunciar tu nombre.
Más relatos de ausencias en la convocatoria juevera de Campirela

No es raro el día que escuche al menos un disco. Tengo muchos sentimientos unidos a temas musicales y algunos cumplen 50 años. Guardo recuerdos también de personas cuando escuchábamos música en momentos determinados y solo puedo decir que la música, es vida.
ResponderEliminarUn saludo
Tu poema habla de una ausencia que no es vacío,
ResponderEliminarEstá en tu memoria aún viva.
Esa música te recorre por esas neuronas que siguen funcionando al recuerdo.
La tristeza se evaporó dando paso a la luz.
Gracias por sumarte a esta convocatoria y dejarnos un interesante poema.
Un besote grande.