NOS GUSTAN LOS CLÁSICOS X : 5. Las uvas de la ira (John Steinbeck)

 


"Una casita blanca en medio de un campo de naranjos"... ese es el paraíso que la familia Joad busca en su forzada huida a California. 

Steinbeck nos narra la desgarradora historia de los Joad, una  familia de Oklahoma que, en el periodo de la Gran Depresión y el Dust Bowl, se ve obligada a huir al Oeste donde, supuestamente, encontrarán un trabajo donde ganarse la vida. El autor nos muestra una humanidad feroz donde no se vive, se sobrevive ante las dentelladas de otros humanos.






Los tres agónicos actos de la historia de los Joad.

El primero narra la vuelta de Tom Joad hijo que acaba de salir de prisión encontrándose con la miseria de los agricultores de la zona - entre ellos,  su familia- tras la sequía y las tormentas de arena -el Dust Bowl-. Campos arrasados, bancos estrujando a los propietarios con sus créditos para despojarles de las tierras y la ferocidad en cada comerciante que aprovecha la ocasión para comprar sus enseres a precio de ganga y vender chatarra de coches a precios de oro. No hay espacio para la pena. La aspereza acompaña a cada frase, vive en cada grano de arena que Steinbeck describe y que se cuela en el pensamiento desde el primer instante.

Tras el tractor rodaban los discos brillantes que cortaban la tierra con las cuchillas; aquello no era arar, sino una especie de cirugía (...); cuchillas cortantes que brillaban pulidas por la tierra lacerada. (...) Después de las gradas entraban en escena las grandes sembradoras, doce penes curvos de hierro, erectos en la fundición, cuyos orgasmos los producían los engranajes, que iban violando la tierra metódicamente, sin pasión.

El angustioso segundo acto es el viaje hacia California. Toda la familia, más bien toda su vida, en una camioneta repleta de ilusión: las casas blancas, los naranjos, las uvas, los planes... El pensamiento se acomoda en la esperanza frente a la evidente desolación del trayecto: las muertes de los abuelos, los avisos de aquellos que ya renunciaron a California y la deserción de algunos miembros de la familia -quizás los más débiles, quizás los que escuchan y se niegan a hundirse en el oscuro pozo que les espera-. Seguir adelante como única premisa. Steinbeck transmite la angustia, el esfuerzo de la huida en el conteo en negativo de cada centavo, cada dólar, en cada milla que recorre tortuosamente la camioneta -arreglo tras arreglo- que a duras penas avanza por la carretera.

El tercer acto, la llegada al no-paraíso californiano, confirma la oscuridad vaticinada en el trayecto. Aún así, la expectativa se mantiene alojándose en un Hooverville, el cual consideran un pequeño paraíso ante la adversidad: agua, baños y la compañía de gente como ellos, los okis, que lejos del poder establecido, han conseguido una burbuja de humanidad.

El poder y la resistencia.

Steinbeck describe con la dureza más realista, la impotencia de los trabajadores ante la estructura de poder establecida: la explotación de los terratenientes aliados con las autoridades y los bancos. Deja patente el miedo de ese poder a la unidad  de los trabajadores frente al opresor y la transformación de algunos personajes: la toma de conciencia de que la supervivencia individual nunca les llevará a liberación, sólo el grupo, la unión entre iguales podrá hacer frente a esa situación. Tom Joad será el miembro de la familia que se unirá a esa causa, dando sentido en su vida a la incapacidad de contenerse ante las injusticias.

El final desolador.

Los Joad, la unidad familiar que Madre ha intentado mantener  durante el trayecto como único valor que poseen, se ha ido desmembrando en el camino. Sólo  Padre, Madre, el tío intentando terminar con su tortuosa vida, los pequeños y la hija Rose, que abandonada por su marido, acaba de perder al bebé en el parto. Los más débiles están solos, sin dinero, víctimas de una inundación que presagia un invierno sin trabajo como recolectores. 

En esa tormenta, cobijadas en un granero, Rose of Sharon acepta  amamantar a un hombre moribundo mientras sonríe misteriosamente. Este es el cortante y angustioso final de la novela. 

Quizás el autor le da a Rose el último honor de actuar como Madre, de ser el símbolo  que, durante todo el libro, es la perseverancia en la unidad, la  protección ante la adversidad, la cuidadora de la esperanza y la comprensión ante las  decisiones de sus hijos de dejar la familia y vivir otra vida -hay que recordar que Madre no tiene nombre propio en la novela-.


Opinión.

Es imposible quedarse indiferente ante la propuesta de Steinbeck. Duele cada grano de arena al respirar, se siente el dolor de cada dólar gastado, cada arreglo de la camioneta, la congoja en cada melocotón recogido y el  hambre... Nos contagia  la furia y la impotencia contra el avaro poder y nos deja respirar, en ocasiones, con la esperanza en cada trozo de pan compartido. 

Steinbeck nos sienta en la camioneta de los Joad y nos pregunta qué vamos a hacer: quedarnos con Madre hasta el final o mirar hacia otro lado.



Imágenes y más sobre la vida de esta época en: National Drought Mitigation Center

Comentarios

  1. Alguna vez leí este libro motivado por una canción de igual título de la banda británica The Mission. Sé que también hay una película basada en el libro. Un retrato de la lucha por una vida mejor.

    Besos dulces, Sylvia y dulce semana.

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  2. Vi la película, me impactó, Una magnifica moralela .
    Muy buena entrada.
    Un abrazo.

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