"La costumbre es una somnolencia o, al menos, un debilitamiento de la conciencia del tiempo, y cuando los años de la niñez son vividos lentamente y luego la vida se desarrolla cada vez más deprisa y se precipita, es también debido a la costumbre. Sabemos perfectamente que la inserción de nuevas costumbres es el único medio de que disponemos para mantenernos vivos, para refrescar nuestra percepción del tiempo, para obtener, en definitiva, un rejuvenecimiento."
El sanatorio atrapa a los personajes -les enferma, como apuntan algunos personajes - es un lugar que separa a "los de arriba" como se llaman a sí mismos, y "los de abajo" en el mundo real. Aquí el protagonista puede filosofar sobre cualquier tema sin afección alguna; él sólo es consciente de sus propios pensamientos y necesidades. Temas como vida, muerte, literatura y política entre muchos otros, son tratados desde una perspectiva privilegiada ya que hay que tener en cuenta que el libro, ambientado entre 1907 y 1914, vive un tiempo de ebullición que terminará en la Primera Guerra Mundial.
"¿Hablaban de política? ¿Discutían acerca de la situación general? —¡Oh, no! - respondión riendo Hans Castorp. La profesión de mi primo le impide ocuparse de política, y en lo que se refiere a mí, renuncio voluntariamente porque no entiendo de ello una sola palabra. Desde que estoy aquí no he cogido un solo diario..."
El ritmo y la pausa de los personajes.
La montaña mágica se detiene no solo en minuciosas descripciones, sino también en largas discusiones, sobre todo entre Settembrini y Naphta, personajes opuestos que representan el Humanismo y la Ilustración por un lado y el radicalismo y totalitarismo del jesuita por otro y cuyos duelos dialécticos presencia Hans Carstop en su papel de aprendiz.
Tan pausado como los alegatos descritos, es el amor del protagonista por Madame Chauchat, que lo retiene en la montaña por su fascinación febril hacia ella y lo que representa: lo opuesto a su disciplina alemana, por el comportamiento libre de modales de ella y el recuerdo de su deseo adolescente, su compañero Pribislav,en sus ojos.
El desenlace - ¡ojo spoilers!
Siete años concluyen con la estancia del protagonista en el sanatorio. La burbuja existente, se va desmoronando, parece tener una porosidad, un fallo que permite filtrar el tenso clima prebélico de los de abajo -ahora los de "la llanura"-, en los pacientes e incluso en los eternos dialogantes Settembrini y Naphta incapaces de terminar la retorica sin las armas. No quedando mucho más recorrido para Carstop en el sanatorio, donde ya parece formar parte de él como si fuera un attrezo más del lugar despojado de cualquier relación con los suyos, despierta con "el trueno", el estallido de la guerra. Tras él, el autor lo lanza a la más cruda realidad dejándolo entre el barro de la guerra, quizás la única cura que puede arrancar al protagonista -y la sociedad dormida que representa- del cómodo letargo en el que ha vivido.
Opinión personal
Cuando elegí La montaña mágica esperaba sólo una historia en un sanatorio en las montañas suizas. Alentada por mi gusto de los balnearios desde que iba de pequeña con mis abuelos de vacaciones a uno, me lancé a la elección de este gigante de 700 páginas.
Creo que un libro para leer "en modo sanatorio" -o mejor, balneario- debería venir con un manual de instrucciones: "túmbese en la hamaca de la terraza a la vista de la montaña, sin prisa, y deguste cada una de sus partes".
No es fácil ni rápido pero, exceptuando algunas de las discusiones filosóficas entre el humanista y el jesuita que, aunque entendibles dentro del contexto de la novela, para mi gusto se extienden demasiado por su complejidad, ha conseguido engancharme.



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