Dulce nos invita a un baile para iniciar el año y allí que vamos. Más danzantes de las palabras en El Dulce susurro
Ella no curiosea el baile. Ella contempla el mar.
No se decide a entrar entre el gentío, las copas y las risas. Percatándose de su indecisión el dulce caballero de la mansión se acerca lentamente y situándose tras ella acerca el rostro a su cuello.
Ella imagina y cuenta la distancia entre el rostro del anfitrión y su piel... Tres milímetros, dos, uno... No lo sabe y tampoco se mueve para comprobarlo, sólo juega con la fantasía.
El toma los dorsos de sus manos y enlazando sus dedos, las lleva sigilosamente a sus caderas, las desliza, descienden y ascienden queriendo iniciar un baile mientras llegan a una meta imaginaria en su pecho, que no alcanza.
Ella imagina y cuenta la distancia de nuevo... tres milímetros, dos, uno...
Detiene el primer contador cuando los labios rozan el primer tirante y lo acompañan hasta el abismo del hombro donde se desmorona en caida libre. El segundo contador se detiene súbitamente tras sentir el mapeo que los labios realizan desde el hombro hacia la nuca y notar la sigilosa aproximación al segundo tirante... tres milímetros, dos, uno...
Ella no curiosea el baile. Ella ya no contempla el mar...

Ella cuenta los milímetros que hay para llegar al más allá.
ResponderEliminarUn corto muy seductor y elegante , una puesta en escena preciosa. Me gusto mucho.
Ya no leo imagino ajajá.
Un besote Sylvia.
Ella vive su propio momento con El Dulce Caballero ;) Un relato muy sugerente con ese conteo que grafica el respiro ansioso ante la cercanía. Una sensual forma de bailar un íntimo baile. Mi gratitud por bailar así conmigo, Sylvia.
ResponderEliminarBesos dulces y dulce semana.