Mi trabajo, la enseñanza, es y debe ser vocacional. No cabe en una cuadrícula perfecta que ate mis palabras; ninguna ciencia exacta puede predecirla. Siempre se olvidan que trabajamos con humanos -desbocados, muchas veces, pero humanos-.
Y no hay papel virtual que relleno prediga o solucione cómo debo trabajar.
¡Déjame guiarme por mi intuición, o mi vocación! ¡Déjame que las 26 horas -extras- que he perdido estas dos últimas semanas haciendo papeleo virtual trabaje por y para los alumnos!
Es un grito común. Desafortunadamente no es mi pataleta personal.
Así que, tras dejar a Tom Joad, con una tortuga bajo el brazo volviendo a su casa tras estar en prisión*, el teclado y vuestras letras, regreso a mi otra dimensión.
Un viento huracanado me lleva, me arranca de esta ciudad. Esta vez me libera...no me ataca, me ayuda, me empuja a irme. Creo que todo curará cuando pise el mar.
A veces la vida es sencilla. No, rectifico: siempre es sencilla, siempre se puede volar... sólo perdemos el rumbo y desorientados nos golpeamos contra muros invisibles. Hoy el viento sirve para volar... Llévame.
*Las uvas de la ira (el libro que estoy leyendo ahora). Reto de clásicos.

Pues... Voy a discrepar un poco porque no creo que esos muros sean invisibles. En los míos puedo ver los huecos del desgaste de las cabezadas que me he dado. Pienso que cuando tropezamos es por cabezotas y que nunca es una sorpresa, el subconsciente nos estaba gritando en la oreja OJO, CUIDADITO QUE TE LA VAS A DAR!!! Cafelitooooo, marchandoooo
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