Fitzgerald, estadounidense y perteneciente a la clase alta de los llamados felices años veinte se enamoró de Zelda Sayre, joven de la misma condición social y escritora. Ambos se casaron jóvenes viviendo en el lujo de comodidades y fiestas continuas a ritmo de jazz, junto con amistades no menos glamourosas. A pesar de esta premisa de felicidad, el matrimonio terminó mal para ambos: locura, alcoholismo y deudas llenaron de sombras el idílico panorama de sus vidas.
Es en este contexto vital del escritor donde Hermosos y malditos tiene lugar y se comprende a la perfección. Fitzgerald narra la historia de un joven de la alta sociedad, Anthony Patch, y su bella esposa Gloria Gilbert
Dividido en tres libros, relata en cada uno de ellos, el enamoramiento, matrimonio y declive final de los protagonistas: Anthony, un joven incapaz de trabajar y cuya única meta obsesiva es heredar la fortuna de su abuelo y Gloria, belleza rompecorazones que vive a golpe de capricho y disfrute del momento.
Mantener el idealizado ritmo de vida fiestero y la paciente espera al dinero familiar, los llevará a una lenta destrucción bañada en alcohol y desencanto al ver que, las expectativas monetarias que tenían no se cumplen con la celeridad que ellos necesitan.
El trascurso del libro es pausado, deteniéndose en cada uno de los momentos claves que van haciendo la vida de los protagonistas más retorcida y hundida en la oscuridad. Fitzgerald saborea en cada uno de estos pasajes el sentir de Anthony y Gloria que parecen expuestos en una frágil urna de cristal que acumula grietas a la espera de un derrumbe final.
Lo mejor del libro es disfrutar de la evolución de los personajes, tanto los principales como los secundarios que, en contraposición a los protagonistas, se adaptan a la vida transformándose en personajes de fortuna, mientras el matrimonio prefiere seguir viviendo en la ensoñación de la apariencia a la espera del milagro monetario.
En mi opinión personal, el final, al contrario que el resto del libro, es súbito. Una caída en cascada en un momento desesperado donde los protagonistas, incapaces de manejar la situación desbocada en la que se encuentran, son rescatados por parte del autor (¿quizá por una visión de su propio reflejo?). Fitzgerald les concede un nuevo inicio al punto de partida donde no hay aprendizaje ni culpa, a pesar de la penuria y decadencia vivida.


Los locos años 20s y Fitzgerald es un referente literario de aquella época. Muy buena reseña, Sylvia.
ResponderEliminarBesos dulces y dulce semana.