Cumbres borrascosas no es una historia de amor romántico. Es una historia de obsesión y venganza, de almas atormentadas y vidas lúgubres en los páramos de Yorkshire.
Emily Brontë consigue con esta obra crear dos personajes icónicos con una conexión salvaje y destructiva entre ellos, que se extenderá a todos los personajes de la trama. Un sufrimiento que la autora liga de manera sutil y exquisita con el entorno en el que viven.
Todo comienza con...
La visita del señor Lockwood a "Cumbres Borrascosas" quien, ante la imposibilidad de volver a la hacienda que tiene alquilada a Heathcliff a causa del mal tiempo, descubre que su casero es un intrigante hombre sombrío y rudo al que acompañan los no menos enigmáticos habitantes de Cumbres Borrascosas. Tras la fría acogida, Lockwood enferma y en su convalecencia le pide al ama de llaves Nelly Dean que le relate la historia de la familia.
Pero, ¿quiénes son Heathcliff y Catherine? ¿Qué tiene de especial su apasionante historia hasta en nuestros días?
Heathcliff, cuyo nombre evoca los paisajes del entorno de la obra representando la naturaleza salvaje del personaje, es un huérfano gitano adoptado por el padre de la familia Earnshaw. Maltratado por su origen, vive en un hogar donde no existe un comportamiento de cortesía victoriana sino que, en su lugar, se muestran las pasiones ásperas, la crueldad mental no exenta de violencia y el desafío a las clases sociales. Heathcliff va gestando su odio a la familia que, tras la muerte del padre, lo relega a tareas de criado y sin educación. Sólo el páramo y la compañía de la hija menor Catherine suponen para él un motor de vida.
Catherine por su lado se mueve en una inestable balanza: la pasión y la libertad asilvestrada que le ofrece la compañía de Heathcliff y la ambición de pertenecer a una clase social alta tras saborear los placeres de un ambiente culto y refinado al pasar unas semanas con los Linton en la "Granja de los Tordos".
Ni Heathcliff ni Catherine son almas emotivas o dulces. Son complejos, intensos y destructivos entre sí conectando de una manera tan profunda que se alejan de la idea de la ternura de un primer amor adolescente, convirtiéndose en una obsesión.
El detonante y la venganza.
Una noche Catherine cuchichea con Nelly Dean su decisión de casarse con Linton a pesar de reconocer que su corazón es uno con Heathcliff quien, tras escucharla escondido, desaparece por tres años de Cumbres Borrascosas; un tiempo en el que Catherine se casa y se asienta en su nueva y refinada vida.
Pero Heathcliff regresa rico, lleno de una oscuridad aún mayor que el tiempo no ha conseguido curar, para encontrarse con una Catherine casada. A partir de aquí, todo entra en una triste espiral entre ambos protagonistas que siguen atrapados en su conflicto emocional y el inicio de la venganza de Heathcliff de una crueldad difícil de digerir pues el maltrato recibido por el protagonista desde la niñez, es devuelto con una maldad multiplicada dirigida no solo a quienes le hirieron si no también a sus descendientes.
El final: un último destello de esperanza.
Tras años de tormento y manipulación, Heathcliff atormentado por el fantasma de Catherine, muere buscando la unión eterna con ella. La historia termina con una nota de reconciliación y el triunfo del amor -este sí, un amor romántico y respetuoso- de la nueva generación sobre la venganza destructiva de la generación anterior.
Sensaciones y opiniones...
La evolución de los personajes provoca cambios en la percepción que tenemos de ellos en el libro. Emily Brontë maneja a la perfección dichas sensaciones llevándonos de la mano por sus sentimientos mientras Nelly Dean nos acompaña en la narración.
Heathcliff despreciado y menospreciado, un animal herido en los páramos de Yorkshire, inspira lástima, fascinación por la posesión de ese alma intensa y salvaje y horror por el oscuro personaje en que se convierte.
Catherine es admirada por ese espíritu libre que a la vez la atormenta volviéndose caprichosa y despreciable -incluso con límites insoportables, según Nelly Dean- terminando en una sensación de lástima tras la tortura que supone para ella la indecisión, la dualidad de su vida que no es capaz de resolver.
... Y el próximo Hermosos y Malditos (Francis Scott Fitzgerald)

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