Rebeca desde su blog nos invita a escribir un texto sobre uno de los días del mes: Día de la Marmota, Día del Nirvana y Día de la Carta a un amigo.
Nunca he participado en este reto,
así que vamos a cazar nubes y palabras con Rebeca :)
No es consciente de la situación hasta que un tirón en el cuello la despierta del trance con un calambre. Se sorprende colocando de nuevo los cubiertos alineados en la bandeja del lavavajillas y ordenando con precisión los platos que, como es habitual, los de casa -así los llama cuando le irritan sobremanera- han dejado de cualquier manera y sin aclarar.
Ella suele despertar del trance de vivir los días de la Marmota, al sentir el vapor de la plancha nublándole la vista, una pinza pellizcándole al tender o con el error absurdo de contraseña cuando, desesperada en el ordenador del trabajo, teclea repetitivamente la del correo que guarda sus palabras secretas.
Tras las sutiles advertencias del mundo cotidiano, se sienta de la manera más confusa posible con el fin de percibir todos los músculos. Las rodillas tensas. La espalda cargada. Los dedos entumecidos. Necesita comprobar que sigue ahí dentro.
Deja un tenedor y un plato sin alinear... y ¡zas! cierra de golpe la puerta del lavaplatos y abre la tapa del portátil con el mismo brío, iniciando otra etapa de letras, libros y teclados que la alejen de los días de la Marmota...
Y vosotros, ¿cómo huís de los días de la Marmota?



Toda estrategia es buena para quebrar la rutina y encontrar esa variable que rompa la constante del tedio.
ResponderEliminarBesos dulces, Sylvia.
Cuidado con ese tirón en el cuello, que luego trae consecuencias.
ResponderEliminarBueno, en este caso la marmota creo que se asemeja a una persona que le gusta dormir, o bien duerme a destiempo, lo cual la deja un poco trastocado; ese cuello de la mala postura.
Para espabilarse, cada cual lo hace a su ritmo y cada uno tiene sus habilidades o costumbres.
Huir del sueño, a mi entender, no se huye; lo mejor es dormir hasta que el cuerpo se despierte descansado. Así, no hay marmota que lo lie, jajaja. Un besote.
Me parece un retrato íntimo de la rutina y de cómo, a veces, vivimos como en piloto automático, atrapados en los “días de la Marmota”. Me gusta cómo muestra que los pequeños detalles cotidianos —el vapor de la plancha, un calambre, un error de contraseña— son los que nos despiertan, nos recuerdan que estamos presentes y que seguimos siendo nosotros mismos.
ResponderEliminarA mí me transmite que, aunque la rutina pueda ser monótona o irritante, también ofrece esos instantes de conciencia que nos permiten reconectar con lo que nos importa: los libros, las letras, el trabajo creativo que nos saca del ciclo repetitivo. Es un equilibrio delicado entre el orden del hogar y la necesidad de encontrarnos a nosotros mismos en la vida diaria.
Un abrazo
Hay que combatir el peligro de ser absorbido por lo predecible en nuestro día a día. Y cualquier pequeño acto de rebeldía que acabe con el patrón de la pereza. el aburrimiento o de dormitar nos hace sentir libres con las riendas en nuestras manos.
ResponderEliminarEso sí, a veces el descanso en forma de siesta es una pequeña parada en el camino para tomar fuerzas y reactivar nuestra creatividad.
El otro día asistí a un taller de storytelling en que usamos las piezas lego para dejar volar nuestra imaginación y explicarnos a nosotros mismos en cada construcción. En cierto modo fue catártico, así que intuyo que, al menos para mí, ese lego me va a ayudar mucho a combatir los días de la marmota.
Gracias por tu relato en mi reto.
Un placer leerte. Un abrazo.
Muito legal,Silvia! Gostei da estratégia para escapar do dia da marmota! Só não podemos ignorar as dores no pescoço,rs beijos,tudo de bom,chica
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