Nuestra querida Campirela nos reta a escribir un relato donde el protagonista cree que es normal pero.... no lo es.
"Una persona corriente que cambia la vida a otros, sin saberlo"
Así que aquí va el relato que, hoy es largo -lo siento- 🫤
pero compenso lo breve que habitualmente soy 😁
Más relatos de gente especial en el blog de Campirela
(ella también es muy especial 😘)
La primera vez que María tuvo el déjà vu, en la semana de la ciencia en el instituto, no le dio importancia. Sintió como un pequeño hormigueo en la cabeza cuando el jurado nombró a Andrés López. Ella lo sabía y casi repitió al unísono: Andrés López... Úrsula, su compañera la miró de reojo, extrañándose de la certeza del acierto, pero hizo una mueca y aplaudieron como todos a aquel alumno torpón, tras conseguir transformar la sencilla cristalización de sulfato de cobre en una variante de reacción que exigía una precisión más allá de lo estudiado en las dos míseras prácticas de laboratorio, consiguiendo unos maravillosos reflejos verdes.
Días antes, en la biblioteca, María estudiaba cerca de Andrés en el único lugar libre que había quedado, pues Úrsula no le había reservado sitio ya que un moreno altísimo se había sentado a su lado y, tras una sonrisilla que rayaba la estupidez, le dijo que estaba libre.
Andrés, en su torpeza habitual, había cerrado mal el botellín de agua y zás, en un manotazo involuntario se lo tiró encima. Cuando fue a secarse, María le ayudó con los folios y vio como parte de los apuntes empezaban a diluirse en el agua, así que rápidamente los copió para que no se le perdieran cometiendo un par de erratas, tal vez tres: Co por Cu, un 130º por 180º y 20 minutos en vez de 26... y allí se forjaron los famosos reflejos verdes.
La segunda vez fue durante la preparación de la Evau. El morenazo alto, que resultó todo un descubrimiento, le sonreía y ella devolvía la tontunez olvidándose del último párrafo que había leído. Cuando el morenazo se ausentó un rato, María rodeó en forma de corazón con fluorescente de color rosa, números al azar del indice del libro de Historia. Él dijo que se estudiaría solo esas preguntas, María volvió a la tontunez... y el hormigueo del déjà vu apareció al ver que las dos opciones de Historia del examen en aquel caluroso junio, correspondían a los corazoncitos. El morenazo sacó una supernota que le permitió ir a una Universidad estupenda en el extranjero y María dejó la tontunez guardada entre los apuntes.
María trabaja ahora en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Hoy no ha dormido mucho, está nerviosa pensando en qué se pondrá en el décimo aniversario de la promoción del instituto. Andrés el torpón, el altísimo morenazo... ¡qué nervios! ¿Cómo ha podido quitarle el sueño esta tontería? Se sienta en el ordenador, relee por encima la escritura de la pantalla, abre una nueva pestaña y busca al morenazo en Linkedin a ver si está.... Alguien entra en el laboratorio y del susto pulsa la tecla que no debe, borra una parte del documento y rápidamente teclea lo que recuerda... eso sí, con sus habituales imprecisiones. Tras entregarlo al responsable de su equipo, continúan con las pruebas y.... cuando María, a los meses, lee los resultados en la publicación del grupo, vuelve su déjà vu, se sorprende... recapacita pero... llega un Whatsapp del morenazo altísimo, suspira y recuerda lo bien que terminó la fiesta del décimo aniversario del instituto.
PD: La publicación del grupo.

Errores que se vuelven aciertos y deja vu que se vuelven distracciones pero que al fin de cuentas tienen una buena consecuencia, eso sí que es ser especial. Muy buen relato, Sylvia.
ResponderEliminarBesos dulces.
Mira que casualidad. Mi hija también se llama María, y no hace mucho que terminó su doctorado (Cum Laude) en Bioquímica Celular que va sobre el tumor escamoso de piel, y al menos ha conseguido que algo que antes se curaba con un bisturí se pueda curar con un fármaco muy corriente que sirve para entre otras cosas cuando estas acatarrado y luz de una determinada longitud de onda.
ResponderEliminarSu padre es un despistado como el de los cristales verdes. Porque a veces no es quesean unos manazas puede ser que tan solo sean unos despistados.
Ja jajajaja.
Un abrazo.
Creo que el texto juega con mucha inteligencia con la idea del azar y del déjà vu como si fueran pequeños hilos invisibles que alteran destinos. Me gusta cómo algo aparentemente trivial —unas erratas, unos corazones fluorescentes, una tecla mal pulsada— termina teniendo consecuencias enormes. Hay una ironía sutil en que María, brillante y científica, sea también víctima de sus distracciones y de esa “tontunez” tan humana.
ResponderEliminarMe parece un relato ágil, con guiños casi cómplices al lector, que deja flotando una pregunta inquietante: ¿es intuición, casualidad o irresponsabilidad disfrazada de destino? Ese contraste entre ciencia y emoción es, para mí, lo más atractivo del texto. Me gustó mucho Sylvia.
Un abrazo
Creo que el texto juega con mucha inteligencia con la idea del azar y del déjà vu como si fueran pequeños hilos invisibles que alteran destinos. Me gusta cómo algo aparentemente trivial —unas erratas, unos corazones fluorescentes, una tecla mal pulsada— termina teniendo consecuencias enormes. Hay una ironía sutil en que María, brillante y científica, sea también víctima de sus distracciones y de esa “tontunez” tan humana.
ResponderEliminarMe parece un relato ágil, con guiños casi cómplices al lector, que deja flotando una pregunta inquietante: ¿es intuición, casualidad o irresponsabilidad disfrazada de destino? Ese contraste entre ciencia y emoción es, para mí, lo más atractivo del texto. Me gustó mucho Sylvia.
Un abrazo
Un texto muy interesante , Sylvia.
ResponderEliminarCuenta cómo María, desde el instituto hasta su vida adulta como investigadora, provoca sin querer grandes resultados gracias a sus pequeños errores: un experimento exitoso, un examen acertado, incluso un avance científico. Cada vez que ocurre, siente un déjà vu que le recuerda ese extraño “don” involuntario. La historia mezcla humor, destino y nostalgia, y termina con un mensaje del antiguo “morenazo”, cerrando el círculo entre pasado y presente.
Pues que decirte, que un besote grande y mil gracias por participar.